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El Balón y la Pelota

por Edgar Hoyos Alzate

-Hola -tecleó el balón-.

-Hola -escribió la pelota al otro lado de Internet.

El balón acababa de conectarse al chat desde uno de los computadores de la FIFA luego de saltar desde una vitrina donde permanecía exhibido en vísperas del Campeonato Mundial de Fútbol.

Los últimos días habían sido de mucho ajetreo en reuniones a las que lo habían llevado en las oficinas de los patrocinadores, ruedas de prensa, sorteos y demás ceremonias oficiales, como era la rutina previa a la máxima cita futbolera del orbe.

-¿De dónde eres? -preguntó el balón-.

-Soy de todo el mundo!

-¿De todo el mundo? No entiendo. Yo por ejemplo soy el Balón Oficial y conmigo se juega el Campeonato Mundial en la sede del evento este año.

-Pues verás, yo estoy en todo el mundo, porque conmigo juegan en las calles de los barrios, en las escuelas, en los paseos, al aire libre, bajo techo…

-Para! Seguramente estás en todas partes pero yo tengo el honor de que conmigo han jugado las figuras de todos los tiempos: Pelé, Beckenbahuer, Maradona, Ronaldinho…

-¿Y eso te parece mucha cosa? ¿Te parece poco haber servido para el entretenimiento de negros, blancos y amarillos? Conmigo han jugado en los cinco continentes. Incluso antes de que las estrellas que mencionaste jugaran contigo, lo hicieron conmigo cuando aún no eran famosos.

En el sencillo Café-Internet, desde el que chateaba la pelota, su computador ya estaba rodeado de los curiosos que media hora antes estuvieron jugando con ella y ahora estaban siguiendo el diálogo con interés creciente.

Uno de ellos le dijo:

-Escríbele que yo juego pelota desde que aprendí a caminar y gracias a ti, hoy he llegado a las divisiones inferiores y espero en poco tiempo jugar profesionalmente para representar luego a mi país en un mundial.

Otro agregó:

-Algún día yo jugaré en un mundial y cada patada que le dé a ese balón me traerá a la mente los bellos recuerdos de haber jugado contigo.

-En el mundial patean con botines mientras nosotros te acariciamos con nuestros pies descalzos, nos hacemos “pasito” como los verdaderos amigos.

-¿Qué te ocurre? ¿Estás aún ahí? -pudieron leer todos en la pantalla-.

-Sí. Lo que pasa es que estoy con mis amigos –contestó la pelota.

-¿Quiénes son?

-Los aficionados, los muchachos del barrio, los que juegan conmigo.

-Ahh! Como te decía conmigo también juegan, pero los de la élite.

-¿Y te quieren?

El balón no contestó.

-Que si te quieren –volvió a escribir la pelota-.

La pantalla siguió en blanco.

-¿Te fuiste?

-No. Aquí estoy.

-¿Y por qué no respondes? Te pregunté si te quieren esos privilegiados que juegan contigo

-No te he contestado porque me has puesto a pensar, y realmente creo que muchos no me quieren.

-¿Y entonces?

-Creo que yo sólo soy para ellos un medio para aumentar su fama y reconocimiento. Si acaso me quieren no es a mí propiamente sino a mi réplica en oro destinada a los campeones.

Además, a la vez que eres amada, también eres libre, no tienes horarios, juegan contigo en cualquier sitio. A mí no solo no me quieren, sino que tengo una vida programada. Mientras tu vives la esencia del fútbol, yo estoy enmarcado en el deber ser, estoy atado a las reglas, y mi razón de ser es solamente facilitar la mejor patada.

-Lo siento.

-No te preocupes.

-A mi me entristecía ser en unas ocasiones de caucho, en otras de trapo, algunas veces de cuero con descosidos y remiendos y anhelaba ser de fibras sintéticas como tu, la esfera perfecta, brillante, liviano, impermeable, indeformable, con chip incorporado…

-Olvídate de eso. Ahora soy yo quien desea tu suerte. Cambiaría todas la cámaras de televisión, las gramas sintéticas, los cocteles, las urnas de cristal, los salones elegantes, los flashes de los fotógrafos, por disfrutar el cariño de tus amigos y contribuír a alimentar su ilusión de triunfo, incluso ayudar a que se formen como personas.

-El hecho es -escribió la pelota- que todos tenemos un papel y todos los papeles son importantes. Tú representas la ilusión de triunfo de mis amigos y yo el camino para obtener ese éxito.

-Así es. Me haces sentir un poco mejor y creo que…

En ese momento se cayó la comunicación y la pantalla quedó completamente negra.

-Muchachos –dijo uno de los presentes- vamos a lo que nos gusta, traigan la pelota y vamos a jugar un partido.

Al día siguiente durante el primer encuentro del Mundial, uno de los jugadores le dio una patada tan fuerte al balón que este salió de la cancha y fue a parar a las graderías donde lo atrapó un joven aficionado, casualmente uno de los muchachos que el día anterior habían asistido al Chat con la pelota y sus amigos.

-Psssst –le susurró el balón-, no me tienes que devolver a la cancha. Llévame con tu gente que quiero ser como tu amiga. Ya sé que dentro de un tiempo estaré deteriorado en mi exterior y ya no seré el balón de hoy, pero me sentiré orgulloso y pleno de haber dejado de ser este magnífico balón, para continuar mis días con la emoción de ser la pelota del barrio.