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Empacando la Maleta

ORLANDO HOYOS ALZATE
Noviembre 19 de 1956
Julio 4 de 2005
Salamina

Estas líneas las escribí para leérselas a mi hermano, Orlando, durante la enfermedad de cáncer que finalmente cobró su vida. Se las alcancé a leer dos días antes de su muerte y luego las leí durante sus honras fúnebres.

Aunque nunca sabemos en que momento lo tendremos que hacer (y podría arrancar yo primero), usted parece estar próximo a emprender un viaje.

Un viaje muy especial.
El último viaje.
El viaje que todos tendremos que hacer.
Quizás usted va a arrancar antes.
Como siempre... de afán para viajar!
Con la diferencia de que de este no va a regresar. Allá nos esperará.

Orlando, déjeme ayudarle un poco a preparar la maleta.
Mientras la buscamos, bien bonita como la que le dio Julián David, recordemos que se trata solo de un viaje, el viaje a pasar la segunda parte de la existencia que es eterna, pues ya termina aquí la primera.
Y para que esa segunda parte sea muy buena, debemos llevar en la maleta las mejores cosas de la primera para mostrarle a Dios lo que hemos hecho con la vida que nos ha prestado.
Por fortuna usted tiene mucho para empacar.
Procuremos hacerlo ordenadamente como siempre la ha gustado.
Hagamos montoncitos... le parece bien por colores? O por tamaños, o que combinen como en su closet? En fin empecemos:

Hagamos un paquetico con lo hecho por los amigos.
Pongamos primero los oportunos consejos que les dio cuando necesitaron su opinión en alguna situación, seguramente pudieron evitar muchos errores porque usted les hizo caer en cuenta a tiempo.

Recuerda por ejemplo cuando a uno de ellos lo iban a engañar con una chatarra de carro carísimo y usted intervino a tiempo para evitar que le quitaran una plata importante?
Cumplirles los compromisos les ayudó a cumplir también los de ellos.
Porque es claro que usted cumplió siempre, sin demoras, sin trampas, a veces perdiendo dinero para hacer valer su palabra, y obvio, exigiendo que también le cumplieran, aunque a veces no haya recibido la misma reciprocidad.
Desvarar a alguien, ayudarle a arreglar una bicicleta, colaborarle con un apero para el caballo, son cosas que podemos ir arrimando para completar el primer montón en la maleta.

Pasemos al montón de los hermanos.
Mientras lo organizamos, pensemos en lo bueno que ha sido Dios al enviarle una enfermedad que le diera tiempo de hacer esta maleta bien hecha, y no llevárselo cogiéndolo desprevenido, repentinamente, sin alcanzar a organizar sus cosas especialmente las espirituales.
Ya que le ha dado esta oportunidad hay que aprovecharla.
Es el momento de reflexionar sobre lo bueno para empacarlo y llevarlo a Su presencia, y sobre lo malo para arrepentirse pues El, que es infinitamente Justo y Misericordioso sabrá perdonar esas cosas que todos tenemos en el lado negativo.

Continuemos con el tema de los hermanos:
Siempre hemos podido contar con usted... desde niños.
Desde cuando teníamos riñas en el colegio y usted salía a defendernos.
Y luego cuando nos fuimos de Salamina y siempre contamos con su disponibilidad.
Cuando necesitamos plata ahí estuvo usted haciendo el esfuerzo que fuera necesario para ayudar a llevar las cargas que en algunos momentos han sido pesadas.
Su agudeza y conocimientos en los negocios siempre los ha puesto a nuestra disposición de tal manera que antes de cualquier compra o venta hemos recurrido a usted para que nos ayude a tomar la mejor opción.
Cuántos dolores de cabeza nos hemos evitado por atender sus opiniones!
Sus llamadas telefónicas para darnos apoyo en los momentos de crisis han sido ayuda invaluable.
Su disposición incondicional para contar con usted nos ha permitido actuar sintiendo que siempre ha habido una reserva lista para respaldarnos en cualquier momento.

Mientras hacemos otro paquetico con las cosas relativas a Horacio y Bertha, aprovechemos para otra reflexión.
Muchas veces nos preguntamos por qué Dios envía sufrimientos unas veces y dispone otras veces de la vida de personas que son buenas mientras no les hace nada a los que consideramos malos.
Aquí puede hacerse una comparación entre nosotros y los animales.
Usted, por ser un ser superior a ellos, toma decisiones que podrían no parecer muy entendibles como puede ser pasar un caballo de un potrero a otro, cruzarlo con tal o cual yegua, vender determinado animal, escoger que res va para el matadero, en fin decidir a su libre albedrío sobre seres inferiores a usted, pero siempre con un propósito determinado.
Así mismo Dios, que es un ser superior a nosotros decide sobre nuestro destino y nuestra vida, sin que nosotros entendamos siempre los por qué.
Por tanto hay que entregarse a los designios de El, seguros de que siempre hay una razón Divina en la que debemos confiar.

En fin, volviendo a Horacio y Bertha... que mayor satisfacción para usted que haberles dedicado como lo ha hecho, su vida entera!
Y ni que hablar de la tranquilidad que nos ha brindado a Iván y a mi, el ver como se ha dedicado a ellos una vez que nos fuimos.
Que hay que hacer una vuelta, que hay que reparar algo, que hay que atender un requerimiento, que hay un problema en la finca, que una diligencia legal, que alguno está enfermo, que hay que llevarlos a otra ciudad, que hay que intervenir en un negocio, que un inquilino no ha pagado, que hay que coger una gotera en una casa, que el carro está fallando, que esto, que lo otro, en fin... todo ha sido Orlando para acá y Orlando para allá.
Y ni que decir de los aciagos días del incendio... desde despertarlos y avisarles que la casa estaba ardiendo y ayudar a salvar lo que se pudo, hasta posteriormente ser el apoyo en los meses que siguieron.
Y que tal su relación con Horacio!
Porque más que hijo, usted ha sido el confidente, el compañero... el amigo!
Y ahí está dicho todo!

Este paquete de Horacio y Bertha es bien voluminoso y ocupa mucho espacio en la maleta, pero aún queda más por acomodar: El de sus hijos.

Lo que usted más ha querido, los pedazos de su vida que usted ha adorado, por quienes ha trabajado y luchado. La razón de ser de su esfuerzo.
Cuántos desvelos pero también cuántas satisfacciones!
Todo que les ha dado material y espiritualmente.
El consejo a tiempo, la preocupación en las noche de espera, la mano fuerte para enderezarlos en los momentos necesarios, el ejemplo del día a día, el mostrarles el camino para que sean gente buena, gente buena como ha sido usted.

Pero la labor de padre no termina.
Su entereza para enfrentar esta enfermedad, con seguridad les está ayudando a sus hijos a formarse.
Al ver su estoicismo en circunstancias tan difíciles están aprendiendo de usted.
Su admirable serenidad en estos momentos es una lección que ellos nunca van a olvidar (ni nosotros tampoco).
Por eso hasta el final usted tiene que seguir siendo el faro que les alumbre para seguir por el camino cuando usted no esté.
Estos últimos días serán una fuente de fortaleza en el futuro cuando ellos enfrenten las adversidades sin su presencia física pero sí con su presencia espiritual.

Aún queda un pequeño espacio en su maleta y es en él donde usted debe empacar sus perdones y reconciliaciones.
El acto más supremo del hombre es perdonar. Esta capacidad no se la ha dado Dios a ningún otro ser.
Cuando uno perdona, limpia su espíritu, se asemeja a Dios.
En este proceso usted se ha reconciliado con algunas personas (no muchas pues usted no ha sido un hombre de odios), pero seguramente aún le queda algo por hacer, por perdonar, por reconciliarse.
Hágalo y acabe de completar la maleta para que llegue con el mejor equipaje a la presencia de Dios.

Todas estas cosas que ha empacado serán su pasaporte para llegar a lado de Dios y continuar desde allá velando por Julián David y Natalia.
Aquí somos débiles y solo tenemos dos manos par trabajar por nuestros hijos, pero desde el cielo tenemos a Dios y Su Poder, para continuar velando por ellos.
Como hablamos hace unos días, un compañero de oficina me comentaba que desde que su papá se fue al cielo, ha seguido sintiendo su presencia ayudándole y reconfortándolo en todo tipo de dificultades y mostrándole el camino, además de solucionar problemas reales que ha tenido aquí en la tierra.

Alégrese de que ahora podrá ayudar más efectivamente aún a Julián David y Natalia.

Como seguramente tiene más cosas para empacar que yo no conozco, lo dejo para que reflexione sobre ellas, y las acomode por los laditos de todo el maravilloso equipaje que ha podido hacer como fruto de toda una vida bien vivida.

Buen viaje hermano!

Lleva buena maleta!