< Volver a sección Varios


por Edgar Hoyos Alzate

Fragmento del Libro JesucristoHoy.com

José desvió su motoneta al borde de la carretera, saliendo de la cinta de asfalto, para evitar que algún vehículo, especialmente uno de esos enormes buses que viajan a velocidades de vértigo, los atropellara por detrás mientras revisaba su aparato, que hacía rato venía emitiendo un sonido extraño.

Era además una buena ocasión para que María descansara un poco, pues viajaba muy incómoda debido a su avanzado embarazo, y era obvio que faltando pocos días para el alumbramiento, un viaje tan prolongado en la parrilla de una vieja motoneta fuera poco menos que insufrible.

Luego de varias horas -era carpintero y no mecánico como para haberlo conseguido pronto- logró reparar el daño y continuaron el viaje que con motivo del Censo de Población se habían visto obligados a emprender hacia Belén.

-María eso del censo me tiene como preocupado –le había dicho una noche José-.

-¿Por qué?

-Porque según las cuentas por esos días podría nacer el bebé. Que tal que te empiecen las contracciones en el camino o en un hotel, sin gente conocida que nos ayude...

-Despreocúpate que el que va a nacer es El Mesías y tiene una misión que cumplir cuando sea adulto, de manera que si algunas incomodidades se presentan durante su nacimiento no serán insufribles, y con seguridad que al final todo saldrá bien para que se cumplan las profecías.

La víspera del viaje José le dijo:

-Empaca las cosas en una tula que ojalá no sea muy grande para que la podamos amarrar fácilmente en la parrilla.

-Tranquilo, solo llevo lo indispensable para tres o cuatro días.

-Echa algunas cositas del bebe, por lo que pueda ocurrir.

-Así lo haré

-Nos levantaremos a las cuatro de la mañana a ver si logramos salir a las cinco y llegamos en la tarde. Yo llamé ayer a un pequeño hotel en el que me hospedé hace como dos años y pedí que me reservaran una pieza para los dos.

A las cuatro de la mañana sonó el despertador, se levantaron, desayunaron, cerraron con doble llave, amarraron la tula y arrancaron.

A causa de la varada sólo a eso de las ocho de la noche llegaron al hotel donde José había separado habitación. Luego de guardar la moto en un parqueadero contiguo, entraron a la recepción.

-Señorita -dijo José- una pieza que reservé antier por teléfono...

-Las reservas se respetan únicamente hasta las siete de la noche -interrumpió la empleada con cara hosca-.

-Nos retrasamos por causa de una varada, por favor mire qué otra queda libre.

-El hotel está lleno. No pierdan tiempo y vayan a ver si encuentran otro para que no tengan que dormir en algún parque.

Recorrieron uno y otro, los hoteles y pensiones sin que lograran encontrar habitación disponible.

Todos estaban ocupados y en muchas partes los recibían con caras destempladas.

Con motivo del censo, había llegado una avalancha tal de pasajeros que el pueblo no estaba en condiciones de acomodar.

¿Realmente les tocaría dormir en algún parque?

Por fin, en un hotel -en el que tampoco había cupo-, les sugirieron:

-Como a veinte minutos del pueblo queda la Hostería El Pesebre, donde alquilan espacios para acampar a personas que llevan carpas, más vale que vayan.

-Pero es que no tenemos carpa.

-No se preocupen que allí también las alquilan.

A falta de una mejor alternativa, enrumbaron hacia la hostería.

A eso de las diez de la noche, José furioso por el incumplimiento del hotel y María demacrada tras la dura jornada, llegaron al lugar mencionado.

Si bien, no iban a dormir en la relativa comodidad del sencillo hotel que habían reservado, en una carpa las cosas no serían tan difíciles como podrían ser en un parque de la ciudad.

Ingresaron a la recepción de la hostería.

Allí, al menos, encontraron amabilidad.

-Por favor solicitamos un sitio para acampar.

-Con gusto, puede ser en el sector 3, cerca a la piscina.

¡Por fin encontraban cupo disponible!

-¿También nos pueden alquilar una carpa?

-Lo siento mucho, todas están alquiladas.

-Mire el estado de mi esposa, recorrimos todo el pueblo y no encontramos hotel, ¿cómo nos puede ayudar?

-Me angustia no poder hacer nada por ustedes, pero se sale de mis manos.

-¿No hay alguna parte de la hostería que por lo menos tenga techo y en la que podamos pasar la noche sin molestar a nadie?

-No señor. Sin embargo...

-¿Sin embargo qué?

-Pues habría una media solución, pero hasta pena me da planteársela porque podría ofenderse.

-Con todo lo que nos ha pasado hoy, nada podría ya ofendernos, por el contrario le quedaría muy agradecido si nos puede dar una solución aunque sea provisional.

-Pues bien, la hostería proyecta una ampliación en la parte de atrás y ya se inició la construcción de la primera caseta que aun no ha sido concluida, pero que puede servirles, si no les molesta, para pasar la noche; uno de los huéspedes dejó una mula amarrada adentro pero podemos sacarla, les puedo prestar una colchoneta y se acomodan de alguna forma. Tengan cuidado con un buey que hay al lado.

-Aceptado, creo que en estas circunstancias es lo mejor que puede ocurrirnos, la noche no está fría ni hay amenazas de lluvia, de manera que le quedamos muy agradecidos.

A los pocos minutos ya estaban instalados.

No bien se habían acostado cuando María empezó a quejarse.

-José, desde hace rato siento unos dolores muy fuertes, no te lo había dicho por no preocuparte, sin embargo estoy que no resisto.

-¿Serán las contracciones, crees que sea el parto?

-No sé, esperemos un poco a ver que pasa.

Los dolores continuaron y María hacía todo lo posible por disimularlos.

José no lograba conciliar el sueño.

-Estas contracciones están muy rápidas y dolorosas, dame la mano y aprétamela duro para reconfortarme.

-¿Quieres que haga algo?

-No. ¡Ay! Están muy fuertes.

-Resiste un poco, voy por ayuda a la hostería rápido y regreso.

José salió corriendo pero poco antes de llegar a la recepción sintió un grito desgarrador de María que lo hizo regresar de inmediato pues se asustó de veras ya que nunca le había escuchado algo similar.

Cuando entró la halló sonriente, cómodamente sentada y con el niño entre sus brazos.

-¿Cómo?. ¿Ya nació?. ¿Cómo fue?

-Cuando salías me desmayé por unos instantes y al volver en mí, el niño estaba a mi lado. Ya no sentía ningún dolor, no había sangre, era como si no hubiera habido parto y el niño llevara mucho tiempo junto a mí.

-¡Bendito sea Dios que todo ha salido bien! A pesar de tantos inconvenientes todo ha pasado ya.

A los pocos minutos acudieron algunos de los que acampaban, atraídos por el grito que hizo devolver a José y se extrañaban de que el parto hubiera sido tan rápido, y la madre estuviera tan recuperada, después de haberla visto llegar en tan malas condiciones.

Uno de ellos traía consigo un computador portátil en el que estaba leyendo las Sagradas Escrituras y dijo que según las profecías debía nacer y en circunstancias parecidas el Mesías prometido.

En ese momento timbraron los celulares de varios de los presentes y simultáneamente apareció en sus pantallas, así como en la del computador portátil el mensaje:

“Les ha nacido hoy, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esta es la señal: Es el niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre”.